domingo, 8 de diciembre de 2013

Zapata.

Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
Taller de Identidad, conocimiento y aprendizaje.




Barco Reyes Elsa Margarita.


EMILIANO ZAPATA SALAZAR.

Índice
1.  Introducción.
2.  Un héroe con los pies en la tierra (1879-1896).
3.  Vida política de Zapata (1897-1919).
4.  La pesada noche del destino (1919).
5.  Obras citadas.
6.  Anexo.






EMILIANO ZAPATA SALAZAR

INTRODUCCIÓN.

Ésta es la historia de un hombre, no la de un héroe de cartón. En este breve texto, se expondrán sus hazañas, sus dudas, sus batallas. Zapata es una de las figuras centrales de la historia de México. ¿Qué es lo que llevó al jefe del Ejército Libertador del Sur para iniciar su vida política?, ¿por qué rechazó el poder? Éstas, son sólo preguntas al aire.


UN HÉROE CON LOS PIES EN LA TIERRA (1879-1896).

Corría el año de 1879. Un 8 de agosto, Anenecuilco, un pueblo cerca de Cuautla Morelos, fue cuna de uno de los más grandes dirigentes políticos de la Revolución Mexicana. Cleofás Salazar y Gabriel Zapata, procrearon al que más tarde sería el penúltimo de sus diez hijos, Emiliano fue su nombre. Ya había nacido un héroe.

Las personas que lo conocieron lo describen como un hombre medianamente robusto y moreno pálido, cabello lacio y cejas pobladas, ojos café oscuro de mirada penetrante y tranquila, hermoso perfil de nariz recta, bigote poblado y sedoso; boca de labios delgados, de una sonrisa amarga, barba corta y prominentes pómulos. Sus ademanes eran tranquilos e inspiraban confianza.

Vestía pantalón negro ajustado con botonadura de plata y chaquetilla corta del mismo color, camisa larga de un color lavanda, y en el cuello un largo paliacate de seda azul. Un inmenso sombrero cubría su cabeza, lucía dos anillos de oro en la mano izquierda. Con esa vestimenta se acercaba a las muchachas a lomo de su caballo, les decía toda clase de piropos y ellas se ruborizaban, se imaginaban que aquel joven charro se las robaría esa misma noche.
 A Emiliano le gustaban las mujeres, los trajes y los caballos sin importar el orden. O mejor sí: los caballos y los trajes para tener más mujeres.

 Fue aparcero, tratante de ganado y presidente municipal de Anenecuilco. Había sido un ciudadano responsable, honrado, siempre trató de mantener la integridad de los pueblos y de recuperar las tierras y aguas que las haciendas habían arrebatado a las comunidades indígenas desde 1879[1].

 Se dice que un día, Gildardo Magaña y Miliano, (así nombraban de cariño a Emiliano), se entretenían contando viejas historias, y es que cuando lo nombraron jefe del pueblo, el miedo era tan presente como las lágrimas de su padre en medio del caos:

¿Por qué llora?
Olvídelo, Miliano. Esto va a ser siempre así. Otra vez nos están quitando las tierras. Vamos a terminar quedándonos sin nada.
Júntense todos ustedes los del pueblo y reclamen las tierras que les han quitado. No las pidan de nuevo, apodérense de ellas. No van a poder si ustedes no se juntan.
No hijo. No sea tonto. Contra los hacendados no puede hacerse nada. Es muy simple. Ellos lo tienen todo y nosotros no tenemos nada.
Deje que yo crezca, papá. Va a ver cómo recupero todas las tierras que nos han quitado.[2]


VIDA POLÍTICA DE ZAPATA (1897-1919).

¿Qué peso puede tener una palabra, dignidad, cuando la vida se derrumba y nada existe?[3], piensa Emiliano mientras recibe el cargo. Lo nombraron jefe del pueblo. El consejo de ancianos lo ha decidido.

Son unos ochenta hombres los que están allí, cubiertos apenas por el sol. Unos son parientes, otros son enemigos. Emiliano acepta el difícil cargo que se le confiere, él espera el apoyo de todos para lograr sus propósitos.

Era el 15 de junio de 1897, apenas tenía veinte años, era jueves de Corpus Cristi.

Lo agarraron unos policías cuando iba de regreso a su casa y lo amarraron con una reata para llevarlo a la cárcel. Su hermano, Eufemio, se enteró y llegó en su caballo, se acercó a una vereda que lo conducía a los golpes, jalones y mentadas.       

Iba armado. Gritaba blasfemas y les decía a los policías que por qué se llevaban a su hermano, si solamente andaba de borracho y mujeriego por ahí.

Inmediatamente, los policías no opusieron resistencia pero los desarmaron rápido. Con un cuchillo que Zapata siempre llevaba en su bota, cortó la reata y lo dejó libre:
Ahora sí nos vamos a tener que pelar de aquí, vámonos para Puebla, que no nos vean ni el polvo, Miliano.[4]

No era la primera ocasión que se metía en la política. En 1905 acompañó a don Jovito Serrano a la capital, fueron a ver a don Porfirio para pedirle que intercediera ante el gobernador por el problema de sus tierras.

Un año más tarde, en 1906, una asamblea realizada en Anenecuilco, Zapata es elegido representante de su pueblo para seguir la lucha por la restitución de tierras. Los ancianos le entregan los documentos de la comunidad. Dará la vida por ellas, las guardará con recelo.
Su padre se lo dijo antes de morir de pulmonía, once meses después de que falleciera su madre, él apenas tenía dieciséis años:

Lo que te pido es que veas por tus hermanas y por las tierras.[5]
En 1910 Zapata reparte las tierras del llano de Huajar. En diciembre vuelve a hacerlo en Anenecuilco, Villa de Ayala y Moyotepec. Desde allí, puños de hombres lo acompañaron en su lucha.

Los zapatistas al principio lucharon localmente y adquirieron una significación nacional, estuvieron integrados por comuneros, peones de haciendas, arrieros, zapateros, agricultores y rancheros. Cuautla fue su centro de operaciones. Después se fueron integrando políticos fugitivos y criminales, hombres cultos y también antiguos rurales maderistas. En general, fueron soldados que al mismo tiempo cultivaban sus campos para vivir. Para los zapatistas era más importante ser pueblo que ejército.

Francisco I. Madero en 1911 prometió que resolvería los problemas de las tierras arrebatadas, Zapata se entrevistó con él pero no hubo ninguna solución. El once de noviembre de ese mismo año Emiliano promulga el Plan de Ayala, se justificaba por las violaciones hechas por Madero al lema “Sufragio efectivo, no reelección”, ya que imponía en contra de la voluntad del pueblo a José María Pino Suárez como vicepresidente.

Los villistas se declaran seguidores del Plan de Ayala. Se aceptan después de discusiones. Los artículos cuarto, sexto, séptimo octavo, noveno y décimo segundo serían la base para una constitución futura. Zapata establece su cuartel general en Cuautlixco.

En 1912 el gobierno de Madero se deteriora. Zapata se niega a desarmar sus tropas. Madero manda al Ejército federal contra los del Ejército Libertador del Sur. Un año más tarde, después de la Decena Trágica, se promulga el Plan de Guadalupe y se reforma el Plan de Ayala.

1914, en marzo las fuerzas zapatistas toman Chilpancingo. En octubre la Convención revolucionaria de Aguascalientes se declara por el Plan de Ayala. Nombran a Emiliano Zapata como jefe de la revolución, en sustitución de Pascual Orozco. Avanzan Villa y Zapata con sus ejércitos y ocupan la capital, obligando a Carranza a retirarse de Veracruz.

El 28 de diciembre de ese mismo año, los de la División del Norte llegaron por Tacuba a la entrada de la Ciudad de México. Llegando, no se movieron de allí, ya que al mismo tiempo las tropas del Ejército Libertador del Sur, por órdenes de Emiliano Zapata, ocuparon la capital y Villa no quería hacer nada sin su consentimiento.

El primero y el último encuentro que tuvieron Zapata y Villa, fue en un pueblo de Xochimilco. Los dos fueron recibidos por gente con flores, donde  se dirigieron a la escuela pública del pueblo. En la habitación no había más que unas pocas sillas; los generales Villa y Zapata se sentaron frente a una gran mesa. La apariencia de uno y otro, la elegancia de Zapata y el atavío informal de Villa.

Para relajar la atmósfera, Zapata le pide a Villa que brinden y trae una botella de coñac. No sabe que es abstemio, aún así el del norte acepta la bebida. Emiliano se toma la primera copa de un trago, Villa se ahoga, siente que le quema la garganta y pide a gritos un vaso con agua[6].

Al término de la reunión, encabezaron juntos un desfile por las calles de la Ciudad de México, los acompañaban las porras de sus habitantes.

Hicieron una visita de cortesía al presidente Gutiérrez en Palacio Nacional y Villa bromeando, se sentó un momento en la silla presidencial, con Zapata a su lado. Villa invitó a Zapata a que se sentara en la silla, éste rehusó:

Esa silla yo creo que tiene algún tipo de talismán de mal agüero.
Porque he notado que todos los que en ella se han sentado, no sé por qué extraño maleficio que posee se olvidan de las promesas y los compromisos que hicieron y su único sueño dorado es el de permanecer por el tiempo que les fuera posible sentados en esa silla.[7]

Un fotógrafo registró la escena. Esa foto que recorrería el mundo, Francisco Villa y Emiliano Zapata reunidos por vez primera.

En 1915, estallan dos guerras contra los elementos insurgentes radicales: Carranza contra Zapata en el sur y Obregón contra Villa en el norte. Transcurrió un año y Zapata lanza un manifiesto al pueblo mexicano el 10 de junio.

Cinco de febrero de 1917. Se promulga en Querétaro la nueva constitución. Las elecciones se celebran en marzo y gana Carranza. La guerra contra villistas y zapatistas continúan. Asesinan a Eufemio Zapata.

Venustiano Carranza anuncia que no hay amnistía posible para Emiliano Zapata y le pide a Pablo González que acabe de una vez con él por cualquier medio. La eliminación de Zapata, Carranza le escribe a González, es el único boleto que puede comprar usted para competir en las próximas elecciones[8].

González había ordenado al coronel Jesús Guajardo que persiguiera a Zapata. De noche y de día, en el pueblo o en la montaña, que se tratara de ganar la confianza de Miliano.

LA PESADA NOCHE DEL DESTINO (1919).

La noche del 7 de abril de 1919, después de varios preparativos en Cuautla, el coronel Jesús Guajardo se declara en rebeldía contra el gobierno de Carranza.

El 9 de abril tiene lugar un falso motín. Los espías le han informado que se tiene una celada, que mejor se retire. A las cuatro y media de la tarde ambos se encuentran. Emiliano Zapata con su escolta de cincuenta hombres, Jesús Guajardo con una columna de seiscientos soldados y una ametralladora.

Zapata le da un abrazo y lo felicita. Luego acepta el regalo de Guajardo: un hermoso caballo, As de Oros, en prenda de amistad y de compromiso de lucha.
Emiliano Zapata establece su último campamento en las montañas. Hacen fogatas para cubrirse del frío, beben aguardiente, una botella para todos.

Están cansados. Emiliano ordena a cinco hombres hacer guardia. Siente desconfianza.
No puede dormir. Se siente solo, siempre ha estado solo. Desaparece la noche mientras él poco a poco va cerrando los ojos. Al final se hace el silencio. Pero no del todo.

Tiene un sueño. Es el mismo niño que siempre aparecía en la iglesia. Sólo que ahora muchas mujeres lloran.
Él se encuentra en medio. En medio de la sangre.
Como otras veces en la pesadilla hay balazos y se escucha la pólvora, se huele la pólvora. La pólvora sabe a azufre, como si fuera del infierno. Hay música. Emiliano no puede ver de dónde sale, no hay ningún órgano en la capilla, pero él lo escucha.
Empieza a llorar.
Una curandera se le acerca. Le toca el cabello y se le queda mirando como lo veía su madre.
Miliano, no vayas.
¿A dónde?
A tu muerte.[9]

En la madrugada del 10 de abril Emiliano y su escolta abandonan el campamento y montan hacia Chinameca.

Es la una y media de la tarde. Las tropas de Guajardo ya están dentro del cuartel. Las de Zapata están afuera. Zapata espera. Lo ha hecho todo ese tiempo.
Han cabalgado mucho. Zapata está impaciente. A las dos de la tarde se monta en As de Oros y ordena que diez hombres lo acompañen a la puerta del cuartel.

Los demás hombres, confiados, con las carabinas enfundadas, bajo la sombra de los árboles.
Una guardia está allí formada para brindarle los honores al general Zapata:

El clarín toca tres veces cuando avanza. Al apagarse la última nota, apenas frente al dintel de la puerta los soldados que presentan armas descargan sus fusiles sobre el cuerpo del general, que cae del caballo.[10]

A los de Zapata no les da tiempo de recoger el cadáver, empiezan los disparos contra los del sur.

Jesús Guajardo amarra el cuerpo sin vida de Emiliano Zapata a una mula y espera un tiempo razonable para salir de la hacienda.

A las nueve de la noche, ya oscuro, los hombres de Guajardo llegan a la ciudad con el cuerpo de Emiliano Zapata.

Pablo González tira el cadáver al pavimento y lo examina con una linterna. Es Emiliano Zapata. Miles llegan a verlo. Ninguno puede creer que de verdad ha muerto Miliano. Dos de sus hermanos arriban a Cuautla.

Las mujeres lloran. Es como ver a su padre muerto.

Desaparecido Zapata, el zapatismo ha muerto, declaró Pablo González.

En un árbol, un anónimo grabó en el tronco: Rebeldes del sur, es mejor morir de pie que vivir de rodillas.

Tres días con sus noches el cadáver de Emiliano reposa en la intemperie, el cuerpo se descompone, se hincha, la boca parece cubrirle toda la cara: una inmensa costra la cubre, llena de moscas, zumban, chupan sangre.
Y si para unos había muerto, para otros había renacido. Pronto, todos hablan despacio, primero muy quedo y luego a gritos, aúllan feroces: ¡Zapata no ha muerto! ¡Zapata vive!



OBRAS CITADAS.
-       PALOU, Pedro Ángel en: “Zapata”, México. Planeta, 2006.
-   ULLOA, Berta en: “Historia de la Revolución Mexicana, periodo 1914-1917”, México. ElColegio de México, 1979.
-       KATZ, Friedrich en: “Pancho Villa”, México. Era, 2000.


ANEXO.

Cronología.

1879. Emiliano Zapata nace el 8 de agosto, en Anenecuilco Morelos.
1897. Aprehenden por vez primera a Zapata.
1905. Zapata participa en una comisión para auxiliar al pueblo de Yautepec.
1906. En asamblea realizada en Anenecuilco, Zapata es elegido representante de su pueblo.
1910. Zapata reparte las tierras robadas en Morelos.
1911. Se expide el Plan de Ayala.
1912. El gobierno de Madero se deteriora, y Zapata se niega a desarmar sus tropas.
1914. Primera y última reunión de Francisco Villa y Emiliano Zapata.
1915. Carranza ataca a los del sur y Obregón a los del norte.
1916. Zapata lanza un manifiesto al Pueblo Mexicano.
1917. Se promulga la nueva Constitución. La guerra  contra villistas y zapatistas continúa. Asesinan a Eufemio Zapata.
1919. Zapata es asesinado antes de cumplir los cuarenta años.











[1] ULLOA, Berta. (1979) “Historia de la revolución mexicana, periodo 1914-1917”. México, El Colegio de México, p. 9.
[2] PALOU, Pedro Ángel (2006) “Zapata”, México, Planeta, p. 22.
[3] Ibídem p. 13
[4] Ibídem p. 19
[5] Ibídem p.14
[6] KATZ, Friedrich. “Pancho Villa”(2000) , México,  Era, p. 11
[7] Ibídem p. 149
[8]Ibídem  p. p 204-205
[9] Ibídem p. 212.
[10] Ibídem p. 214.

No hay comentarios:

Publicar un comentario