Universidad
Autónoma de la Ciudad de México.
Taller
de Identidad, conocimiento y aprendizaje.
Barco Reyes Elsa Margarita.
EMILIANO
ZAPATA SALAZAR.
Índice
1. Introducción.
2. Un héroe con los pies en la tierra
(1879-1896).
3. Vida política de Zapata (1897-1919).
4. La pesada noche del destino (1919).
5. Obras citadas.
6. Anexo.
EMILIANO
ZAPATA SALAZAR
INTRODUCCIÓN.
Ésta es la historia de un
hombre, no la de un héroe de cartón. En este breve texto, se expondrán sus
hazañas, sus dudas, sus batallas. Zapata es una de las figuras centrales de la
historia de México. ¿Qué es lo que llevó al jefe del Ejército Libertador del
Sur para iniciar su vida política?, ¿por qué rechazó el poder? Éstas, son sólo
preguntas al aire.
UN
HÉROE CON LOS PIES EN LA TIERRA (1879-1896).
Corría el año de 1879. Un 8
de agosto, Anenecuilco, un pueblo cerca de Cuautla Morelos, fue cuna de uno de
los más grandes dirigentes políticos de la Revolución Mexicana. Cleofás Salazar
y Gabriel Zapata, procrearon al que más tarde sería el penúltimo de sus diez
hijos, Emiliano fue su nombre. Ya había nacido un héroe.
Las personas que lo
conocieron lo describen como un hombre medianamente robusto y moreno pálido,
cabello lacio y cejas pobladas, ojos café oscuro de mirada penetrante y
tranquila, hermoso perfil de nariz recta, bigote poblado y sedoso; boca de
labios delgados, de una sonrisa amarga, barba corta y prominentes pómulos. Sus
ademanes eran tranquilos e inspiraban confianza.
Vestía pantalón negro
ajustado con botonadura de plata y chaquetilla corta del mismo color, camisa
larga de un color lavanda, y en el cuello un largo paliacate de seda azul. Un
inmenso sombrero cubría su cabeza, lucía dos anillos de oro en la mano izquierda.
Con esa vestimenta se acercaba a las muchachas a lomo de su caballo, les decía
toda clase de piropos y ellas se ruborizaban, se imaginaban que aquel joven
charro se las robaría esa misma noche.
A Emiliano le gustaban las mujeres, los trajes
y los caballos sin importar el orden. O mejor sí: los caballos y los trajes
para tener más mujeres.
Fue aparcero, tratante de ganado y presidente
municipal de Anenecuilco. Había sido un ciudadano responsable, honrado, siempre
trató de mantener la integridad de los pueblos y de recuperar las tierras y
aguas que las haciendas habían arrebatado a las comunidades indígenas desde
1879[1].
Se dice que un día, Gildardo Magaña y Miliano,
(así nombraban de cariño a Emiliano), se entretenían contando viejas historias,
y es que cuando lo nombraron jefe del pueblo, el miedo era tan presente como
las lágrimas de su padre en medio del caos:
¿Por qué llora?
Olvídelo, Miliano. Esto va a
ser siempre así. Otra vez nos están quitando las tierras. Vamos a terminar
quedándonos sin nada.
Júntense todos ustedes los
del pueblo y reclamen las tierras que les han quitado. No las pidan de nuevo,
apodérense de ellas. No van a poder si ustedes no se juntan.
No hijo. No sea tonto.
Contra los hacendados no puede hacerse nada. Es muy simple. Ellos lo tienen
todo y nosotros no tenemos nada.
Deje que yo crezca, papá. Va
a ver cómo recupero todas las tierras que nos han quitado.[2]
VIDA
POLÍTICA DE ZAPATA (1897-1919).
¿Qué peso puede tener una
palabra, dignidad, cuando la vida se derrumba y nada existe?[3], piensa Emiliano mientras
recibe el cargo. Lo nombraron jefe del pueblo. El consejo de ancianos lo ha
decidido.
Son unos ochenta hombres los
que están allí, cubiertos apenas por el sol. Unos son parientes, otros son
enemigos. Emiliano acepta el difícil cargo que se le confiere, él espera el
apoyo de todos para lograr sus propósitos.
Era el 15 de junio de 1897,
apenas tenía veinte años, era jueves de Corpus Cristi.
Lo agarraron unos policías
cuando iba de regreso a su casa y lo amarraron con una reata para llevarlo a la
cárcel. Su hermano, Eufemio, se enteró y llegó en su caballo, se acercó a una
vereda que lo conducía a los golpes, jalones y mentadas.
Iba armado. Gritaba
blasfemas y les decía a los policías que por qué se llevaban a su hermano, si
solamente andaba de borracho y mujeriego por ahí.
Inmediatamente, los policías
no opusieron resistencia pero los desarmaron rápido. Con un cuchillo que Zapata
siempre llevaba en su bota, cortó la reata y lo dejó libre:
Ahora
sí nos vamos a tener que pelar de aquí, vámonos para Puebla, que no nos vean ni
el polvo, Miliano.[4]
No era la primera ocasión
que se metía en la política. En 1905 acompañó a don Jovito Serrano a la
capital, fueron a ver a don Porfirio para pedirle que intercediera ante el
gobernador por el problema de sus tierras.
Un año más tarde, en 1906,
una asamblea realizada en Anenecuilco, Zapata es elegido representante de su
pueblo para seguir la lucha por la restitución de tierras. Los ancianos le
entregan los documentos de la comunidad. Dará la vida por ellas, las guardará
con recelo.
Su padre se lo dijo antes de
morir de pulmonía, once meses después de que falleciera su madre, él apenas
tenía dieciséis años:
Lo
que te pido es que veas por tus hermanas y por las tierras.[5]
En 1910 Zapata reparte las
tierras del llano de Huajar. En diciembre vuelve a hacerlo en Anenecuilco,
Villa de Ayala y Moyotepec. Desde allí, puños de hombres lo acompañaron en su
lucha.
Los zapatistas al principio
lucharon localmente y adquirieron una significación nacional, estuvieron
integrados por comuneros, peones de haciendas, arrieros, zapateros,
agricultores y rancheros. Cuautla fue su centro de operaciones. Después se
fueron integrando políticos fugitivos y criminales, hombres cultos y también
antiguos rurales maderistas. En general, fueron soldados que al mismo tiempo
cultivaban sus campos para vivir. Para los zapatistas era más importante ser
pueblo que ejército.
Francisco I. Madero en 1911
prometió que resolvería los problemas de las tierras arrebatadas, Zapata se
entrevistó con él pero no hubo ninguna solución. El once de noviembre de ese
mismo año Emiliano promulga el Plan de Ayala, se justificaba por las
violaciones hechas por Madero al lema “Sufragio efectivo, no reelección”, ya
que imponía en contra de la voluntad del pueblo a José María Pino Suárez como
vicepresidente.
Los villistas se declaran
seguidores del Plan de Ayala. Se aceptan después de discusiones. Los artículos
cuarto, sexto, séptimo octavo, noveno y décimo segundo serían la base para una
constitución futura. Zapata establece su cuartel general en Cuautlixco.
En 1912 el gobierno de
Madero se deteriora. Zapata se niega a desarmar sus tropas. Madero manda al
Ejército federal contra los del Ejército Libertador del Sur. Un año más tarde,
después de la Decena Trágica, se promulga el Plan de Guadalupe y se reforma el
Plan de Ayala.
1914, en marzo las fuerzas
zapatistas toman Chilpancingo. En octubre la Convención revolucionaria de
Aguascalientes se declara por el Plan de Ayala. Nombran a Emiliano Zapata como jefe
de la revolución, en sustitución de Pascual Orozco. Avanzan Villa y Zapata con
sus ejércitos y ocupan la capital, obligando a Carranza a retirarse de
Veracruz.
El 28 de diciembre de ese
mismo año, los de la División del Norte llegaron por Tacuba a la entrada de la
Ciudad de México. Llegando, no se movieron de allí, ya que al mismo tiempo las
tropas del Ejército Libertador del Sur, por órdenes de Emiliano Zapata,
ocuparon la capital y Villa no quería hacer nada sin su consentimiento.
El primero y el último
encuentro que tuvieron Zapata y Villa, fue en un pueblo de Xochimilco. Los dos
fueron recibidos por gente con flores, donde
se dirigieron a la escuela pública del pueblo. En la habitación no había
más que unas pocas sillas; los generales Villa y Zapata se sentaron frente a
una gran mesa. La apariencia de uno y otro, la elegancia de Zapata y el atavío
informal de Villa.
Para relajar la atmósfera,
Zapata le pide a Villa que brinden y trae una botella de coñac. No sabe que es
abstemio, aún así el del norte acepta la bebida. Emiliano se toma la primera
copa de un trago, Villa se ahoga, siente que le quema la garganta y pide a
gritos un vaso con agua[6].
Al término de la reunión,
encabezaron juntos un desfile por las calles de la Ciudad de México, los
acompañaban las porras de sus habitantes.
Hicieron una visita de
cortesía al presidente Gutiérrez en Palacio Nacional y Villa bromeando, se
sentó un momento en la silla presidencial, con Zapata a su lado. Villa invitó a
Zapata a que se sentara en la silla, éste rehusó:
Esa silla yo creo que tiene
algún tipo de talismán de mal agüero.
Porque he notado que todos
los que en ella se han sentado, no sé por qué extraño maleficio que posee se
olvidan de las promesas y los compromisos que hicieron y su único sueño dorado
es el de permanecer por el tiempo que les fuera posible sentados en esa silla.[7]
Un fotógrafo registró la
escena. Esa foto que recorrería el mundo, Francisco Villa y Emiliano Zapata
reunidos por vez primera.
En 1915, estallan dos
guerras contra los elementos insurgentes radicales: Carranza contra Zapata en
el sur y Obregón contra Villa en el norte. Transcurrió un año y Zapata lanza un
manifiesto al pueblo mexicano el 10 de junio.
Cinco de febrero de 1917. Se
promulga en Querétaro la nueva constitución. Las elecciones se celebran en
marzo y gana Carranza. La guerra contra villistas y zapatistas continúan.
Asesinan a Eufemio Zapata.
Venustiano Carranza anuncia
que no hay amnistía posible para Emiliano Zapata y le pide a Pablo González que
acabe de una vez con él por cualquier medio. La eliminación de Zapata, Carranza
le escribe a González, es el único boleto que puede comprar usted para competir
en las próximas elecciones[8].
González había ordenado al
coronel Jesús Guajardo que persiguiera a Zapata. De noche y de día, en el
pueblo o en la montaña, que se tratara de ganar la confianza de Miliano.
LA
PESADA NOCHE DEL DESTINO (1919).
La noche del 7 de abril de
1919, después de varios preparativos en Cuautla, el coronel Jesús Guajardo se
declara en rebeldía contra el gobierno de Carranza.
El 9 de abril tiene lugar un
falso motín. Los espías le han informado que se tiene una celada, que mejor se
retire. A las cuatro y media de la tarde ambos se encuentran. Emiliano Zapata
con su escolta de cincuenta hombres, Jesús Guajardo con una columna de
seiscientos soldados y una ametralladora.
Zapata le da un abrazo y lo
felicita. Luego acepta el regalo de Guajardo: un hermoso caballo, As de Oros,
en prenda de amistad y de compromiso de lucha.
Emiliano Zapata establece su
último campamento en las montañas. Hacen fogatas para cubrirse del frío, beben
aguardiente, una botella para todos.
Están cansados. Emiliano
ordena a cinco hombres hacer guardia. Siente desconfianza.
No puede dormir. Se siente
solo, siempre ha estado solo. Desaparece la noche mientras él poco a poco va
cerrando los ojos. Al final se hace el silencio. Pero no del todo.
Tiene un sueño. Es el mismo
niño que siempre aparecía en la iglesia. Sólo que ahora muchas mujeres lloran.
Él se encuentra en medio. En
medio de la sangre.
Como otras veces en la
pesadilla hay balazos y se escucha la pólvora, se huele la pólvora. La pólvora
sabe a azufre, como si fuera del infierno. Hay música. Emiliano no puede ver de
dónde sale, no hay ningún órgano en la capilla, pero él lo escucha.
Empieza a llorar.
Una curandera se le acerca.
Le toca el cabello y se le queda mirando como lo veía su madre.
Miliano, no vayas.
¿A dónde?
A tu muerte.[9]
En la madrugada del 10 de
abril Emiliano y su escolta abandonan el campamento y montan hacia Chinameca.
Es la una y media de la
tarde. Las tropas de Guajardo ya están dentro del cuartel. Las de Zapata están
afuera. Zapata espera. Lo ha hecho todo ese tiempo.
Han cabalgado mucho. Zapata
está impaciente. A las dos de la tarde se monta en As de Oros y ordena que diez
hombres lo acompañen a la puerta del cuartel.
Los demás hombres,
confiados, con las carabinas enfundadas, bajo la sombra de los árboles.
Una guardia está allí
formada para brindarle los honores al general Zapata:
El
clarín toca tres veces cuando avanza. Al apagarse la última nota, apenas frente
al dintel de la puerta los soldados que presentan armas descargan sus fusiles
sobre el cuerpo del general, que cae del caballo.[10]
A los de Zapata no les da
tiempo de recoger el cadáver, empiezan los disparos contra los del sur.
Jesús Guajardo amarra el
cuerpo sin vida de Emiliano Zapata a una mula y espera un tiempo razonable para
salir de la hacienda.
A las nueve de la noche, ya
oscuro, los hombres de Guajardo llegan a la ciudad con el cuerpo de Emiliano
Zapata.
Pablo González tira el
cadáver al pavimento y lo examina con una linterna. Es Emiliano Zapata. Miles
llegan a verlo. Ninguno puede creer que de verdad ha muerto Miliano. Dos de sus
hermanos arriban a Cuautla.
Las mujeres lloran. Es como
ver a su padre muerto.
Desaparecido Zapata, el
zapatismo ha muerto, declaró Pablo González.
En un árbol, un anónimo
grabó en el tronco: Rebeldes del sur, es
mejor morir de pie que vivir de rodillas.
Tres días con sus noches el
cadáver de Emiliano reposa en la intemperie, el cuerpo se descompone, se
hincha, la boca parece cubrirle toda la cara: una inmensa costra la cubre,
llena de moscas, zumban, chupan sangre.
Y si para unos había muerto,
para otros había renacido. Pronto, todos hablan despacio, primero muy quedo y
luego a gritos, aúllan feroces: ¡Zapata no ha muerto! ¡Zapata vive!
OBRAS CITADAS.
- PALOU, Pedro Ángel en: “Zapata”, México. Planeta, 2006.
- ULLOA, Berta en: “Historia
de la Revolución Mexicana, periodo 1914-1917”, México. ElColegio de
México, 1979.
-
KATZ, Friedrich en: “Pancho Villa”, México. Era, 2000.
ANEXO.
Cronología.
1879.
Emiliano
Zapata nace el 8 de agosto, en Anenecuilco Morelos.
1897.
Aprehenden
por vez primera a Zapata.
1905.
Zapata
participa en una comisión para auxiliar al pueblo de Yautepec.
1906.
En
asamblea realizada en Anenecuilco, Zapata es elegido representante de su
pueblo.
1910.
Zapata
reparte las tierras robadas en Morelos.
1911.
Se
expide el Plan de Ayala.
1912.
El
gobierno de Madero se deteriora, y Zapata se niega a desarmar sus tropas.
1914.
Primera
y última reunión de Francisco Villa y Emiliano Zapata.
1915.
Carranza
ataca a los del sur y Obregón a los del norte.
1916.
Zapata
lanza un manifiesto al Pueblo Mexicano.
1917.
Se
promulga la nueva Constitución. La guerra
contra villistas y zapatistas continúa. Asesinan a Eufemio Zapata.
1919.
Zapata
es asesinado antes de cumplir los cuarenta años.
[1] ULLOA, Berta. (1979) “Historia de la revolución mexicana, periodo 1914-1917”. México, El
Colegio de México, p. 9.
[2] PALOU, Pedro Ángel (2006) “Zapata”, México, Planeta, p. 22.
[3] Ibídem p. 13
[4] Ibídem p. 19
[5] Ibídem p.14
[6] KATZ, Friedrich. “Pancho
Villa”(2000) , México, Era, p. 11
[7] Ibídem p. 149
[8]Ibídem p. p
204-205
[9] Ibídem p. 212.
[10] Ibídem p. 214.